Un carajo impertérrito, que al cielo...

Un carajo impertérrito, que al cielo…

Un carajo impertérrito, que al cielo su espumante cabeza levantaba y coños y más coños desgarraba, de blanca leche encaneciendo el suelo,

en su lascivo ardor, cual Monjibelo, nunca su seno túrgido saciaba y con violento empuje penetraba hórridos bosques de erizado pelo.

Venció a la humanidad; quedó rendida la fuerza mujeril; mas él, sediento siempre y siempre con ansia coñicida,

leche despide y mancha el firmamento, dejando allí su cólera esculpida del carajo en eterno monumento.