Contigo, mano a mano. Y no retiro la postura, Señor. Jugamos fuerte. Empeñada partida en que la muerte será baza final. Apuesto. Miro
tus cartas, y me ganas siempre. Tiro las mías. Das de nuevo. Quiero hacerte trampas. Y no es posible. Clara suerte tienes, contrario en el que tanto admiro.
Pierdo mucho, Señor. Y apenas queda tiempo para el desquite. Haz Tú que pueda igualar todavía. Si mi parte
no basta ya por pobre y mal jugada, si de tanto caudal no queda nada, ámame más, Señor, para ganarte.