Canta el mar a mis pies, canta y resuena, y dice su mensaje apresurado hasta escalar la soledad del prado donde otra playa de verdor se estrena. Se ve en la hondura el oro de la arena, la sangre de la ola, en el tejado, ya allá, el azul del cielo, traspasado por la niebla que al monte se encadena.
Amor del que nací, vuelve y empieza de nuevo donde surge la belleza y hace jugoso todo cuanto toca.
Corazón enredado, sal si puedes, o besa entre los hilos de estas redes la misma sal de aquella antigua boca.