Soy esto sólo, un grito que se ordena para cantarte a ti recién venida, un ala inesperada y decidida que roza en esa piel, en esa arena
de tus hombros, y ciega se encadena al brillo de tu pelo, donde anida la nieve más alzada y escogida de tu frente: la sien o la azucena.
Y nada más y nada menos, eso que a tanta luz responde, a gracias tantas que el aire lo resuelve en un murmullo;
un momento de ardor, un libre beso, una ceniza ya que tú levantas de un fuego más antiguo que este tuyo.