I ¡El mar, el mar! Dentro de mí lo siento. Ya sólo de pensar en él, tan mío, tiene un sabor de sal mi pensamiento.
II
No canta el grillo. Ritma la música de una estrella.
Mide las pausas luminosas con su reloj de arena.
Traza sus órbitas de oro en la desolación etérea.
La buena gente piensa