Romance

Romance

La niña de mi lugar tiene de oro las cejas, y en la mirada, desnudas, las luces de las luciérnagas.

¿Has visto pasar los barcos desde la orilla? Recuerdan sus faros malabaristas, verdes, azules y sepia, que tu mirada trasciende la oscuridad de la niebla -y más aún, la ilumina a punto de transparencia.

¿Has visto flechar las garzas a las nubes? Me recuerdan si diste al aire los brazos cuando salimos de tierra, y el biombo lila del aire con tus adioses se llena.

Y si cantas -¡canta, sí!- tu voz anula mi ausencia; mástiles, jarcias y viento se confunden con tan lenta sencilla sonoridad, con tan pausada manera que no sería más claro el tañido de una estrella.

Robinsón y Simbad, náufragos incorregibles, ¿mi queja a quién la podré confiar si no a vosotros, apenas? Que yo naufragara un día. ¡Las luces de las luciérnagas iban a licuarse todas en un hilo de agua tierna!