Dejé un instante de pensarte. Había sucedido algo en ti cuando volviste. Venías más nostálgico, más triste, seco tu sol que iluminó mi día.
Alguien -sé quién- que yo no conocía, alguien que calza sueños de oro, y viste almas dolientes, te pensó. Caíste al pozo donde muere la alegría.
¿Por qué fuiste pensado, malherido, pensamiento de amor? ¿Cómo han podido pasarte el corazón de parte a parte?
¿Por qué volviste a mí, sufriendo, a herirme? ¿No recuerdas que tengo que ser firme? ¿Es que no ves que tengo que matarte?
De “Cuanto sé de mí” 1957