De todos los que vi (se sucedían fatalmente), de todos los que vi, todos aquellos que solicitaron -de quienes yo solicité- ternura, calor, ensueño, olvido o lágrimas… De todos esos en los que viví,
por qué tenias que ser tú, retama matinal, estival, voz derruida, perro sin amo, espuma levantada hacia las noches, agua de recuerdo, gota de sombra, dedos que sostienen un pétalo de sol… por qué tenías, ciega, precisamente que ser tú…
De todos los que vi, por qué tenías que ser tú, leño que sobrenadabas… Por qué tenías que ser tú, muralla de ceniza, madera del olvido…
Por qué tenías que ser tú, precisa- mente tú, con el nombre diluido, con los ojos borrados, con la boca carcomida, lo mismo que una estatua limada por los siglos y las lluvias… De todos los que vi, desenterrados de las mañanas y los cielos grises… De todos, todos, todos, por qué habías de ser tú sólo quien me entristeciese, quien se me levantase, puño de ola, me golpease el corazón, con esos instantes sin nosotros, caracolas duras, vacías, donde suena el mar de otros planetas… Modelada en sombra y en olvido, tenias que ser tú, melancolía, quien resucitase…
De “Quinta del 42” 1952