Mañanicas floridas del frío invierno recordad a mi niño que duerme al hilo. Lope de Vega
Vistió la noche, copo a copo, pluma a pluma, lo que fue llama y oro, cota de malla del guerrero otoño y ahora es reino de la blancura. ¿Qué hago yo, profanando, pisando tan fragilísimo plumaje? Y arranco con mis manos un puñado, un pichón de nieve, y con amor, y con delicadeza y con ternura lo acaricio, lo acuno, lo protejo. Para que no llore de frío. De “Cuaderno de Nueva York” 1998