¡Ay! ¡Cómo ya la alegre primavera, a su felice estado reducida, torna a las plantas nuevo aliento y vida esmaltando las flores su ribera, que antes se vio aterida! Suelta el raudal su risa armonïosa; y canta el ruiseñor con trino doble: de púrpura se viste el clavel noble, y enlaza al olmo con la vid hermosa, y con la hiedra al roble. ¡Qué de veces me vio rosada Aurora mustia y débil la flor de mi hermosura, reclinada del monte en la espesura, y en vela inquieta me encontró a deshora llorando mi ventura! Cae del cielo la noche tenebrosa; cubren sus alas negras todo el suelo: mi dolor se acrecienta y desconsuelo, y paz el blando sueño da engañosa a mi triste recelo. Que despierto asustada: y mi cuidado me lleva a yerma orilla de ancho río: vuelvo en vano a dormir, y desconfío de poder encontrar puente ni vado al triste curso mío. Triste de mí que sigo temerosa la luz escasa del funesto fuego, que el poder de mis ojos deja ciego, y émula de la incauta mariposa, a su volcán me entrego.