Una Piedra del Sol sobre el cielo de la mañana asoma en lo alto el ancho rostro de basalto a la orilla de un charco de obsidiana y parece que su boca vierte un reguero de sangre humana y zempazúchiles de muerte…
Es del trigo del sol la gran piedra molar que hace el pan de los días en los molinos de la eternidad.
Piedra de las cronologías, síntesis de los años y los días donde se exhala en silencioso canto el pertinaz espanto de las viejas mitologías…
Los meses enflorados y agoreros en ella ensartan lunas de pálido tecali así como los cráneos hueros en el zompantli del teocali.
En torno de esa tabla de la ley gladiatorios o místicos agrúpanse los meses entre bélicos cantos y rumores de preces como en torno de un rey…
Y al final los días rezagados los Nemontemi… ¡Cinco enmascarados con pencas de maguey!…
Días en cuyas noches se derrite la luna como turbio chalchihuite; en que mancha de sombra luce el oro del sol como la piel del tigre o como el girasol…
Otros días sonoros y ricos como el trópico son, y si ruge el jaguar y vuelan las parvadas de pericos, ¡parece que la selva echó a volar!
Y el relámpago de las guacamayas rasga el cielo -clamor y bandera- como si el eco y el vislumbre fuera de la legión del dios de las batallas.
Y en pleno día las caudas de los quetzales suben y giran como fuegos artificiales, cual si cayeran astros o volaran las flores, o las minas de esmeraldas ascendieran en surtidores y se abatieran en festones de saucedales…
El gran boa anaconda se mueve como río de sinuosos rastros y la espesura escalofría su largo dorso tenebroso y frío, taraceado de flores e incrustado de astros en simétrica geometría.
Otras tardes inunda la llanura el salvaje tropel de los bisontes y sus jibas ondulan cual montes o proceloso mar de móvil oleaje.
Y dejando a su paso todo roto en terrible crujir, se hunde en la selva el terremoto del Tapir…
Los macacos aúllan en el bambú empinado; la iguana el tornasol de su iris cambió y el armadillo se ha salvado pues en su carapacho se escondió.
Contraído en su concha, hecho un ovillo, rodó por la montaña noche y día ¡y salvo llegó al valle el armadillo!
El águila que lo perseguía desde el azur adonde se cernía lo dio por muerto… ¡y a poco el armadillo al sol surgía como un santo ermitaño del desierto!
Burló del águila la garra, mas al fin convertido en guitarra bajo la mano llena de amor patrio de un zapatista suriano, de la Tierra de Promisión, ial pie del Idolo del Atrio el armadillo canta la canción! * * *