En otoño

En otoño

La lluvia obstinada y fría de aquella tarde brumosa, ¡desbarató muchos nidos y deshojó muchas rosas!

Allá en la desierta sala frente a la ventana gótica, los dos solos. Él callado; ella pálida y tediosa finge desdén, y sus ojos están tristes y no lloran, y las crueles palabras que de su garganta brotan quieren vibrar y acarician, quieren herir y sollozan… La falta es nube de estío y las nubes se evaporan cuando surge el sol radiante; pero ella piensa orgullosa: ¡Cuando al corazón lastiman las faltas no se perdonan! Él medita que al agravio las rodillas no se doblan, y ambos callan pensativos frente a la ventana gótica… ¿Por qué no arrojan la máscara si al cabo los ojos lloran? ¿Por qué enmudecen los labios si las almas están rotas?

¡Ay, en vano los recuerdos tienden el ala y remontan los horizontes azules de las horas venturosas! En vano recuerda ella el despertar en la alcoba, cuando de la serenata se desprendían las notas ¡y sobre del blanco alféizar, aparecía en la sombra una mano que se alzaba con un puñado de rosas! En vano el galán medita en las palabras ansiosas, en la frente pensativa y en los besos de su novia.

Los recuerdos vuelven tristes con las alas temblorosas, y ateridos se acurrucan otra vez en la memoria… ¡Ella firme piensa en que las faltas no se perdonan, y él se obstina en que al agravio las rodillas no se doblan! Mientras, en alas del viento las hojas secas sollozan por esa lluvia que sigue cayendo en la noche umbrosa, ¡desbaratando los nidos y deshojando las rosas! * * *