En la morgue del ensueño pertinaz ilusión refrigera entre prismas de hielo, bocas pintadas, palabras pintadas, ojos azules, miradas celestiales de mujeres telescopiadas en catástrofes de recuerdos.
Hembra triangulizada más acá de la cuarta dimensión entre un mañana y un ayer y una múltiple intersección.
Sus pies trotamundos vislumbran mis temores de reojo, en tremedales profundos, cuña de bermellón el tacón rojo.
Mientras miran de soslayo sus ojos de niño en la cuna con influencias maléficas de rayo de luna.
El espeso carmín de los labios tapió un ansia de comulgar y avivó en ellos los resabios de besar y de suspirar.
De su espíritu la penuria resplandece y se aladiniza, cuando sus lágrimas irisa recóndito ardor de lujuria bajo un antifaz de sonrisa.
Sólo ella filaba esa nota que como suspiro brota, tiembla en ansia entrecortada y en un sollozo por fin rota, se astilla en una carcajada…
La llama de la hoguera de Thaís crepita una canción de París, con fuego sobre el caos rubrica la cadera de cierta chica, suspira un hipo de pasión y, boca llena de pavesas y de sangre del corazón,
tú, mi propia vida, bostezas como un horno de cremación… * * *