Mi inconsolable soledad se asombra, pues no sé en la ansiedad con que deliro si no te puedo ver por tanta sombra o si es de noche porque no te miro…
¡Pues siempre que tú llegas, la tiniebla disipas, ya tu voz ya tu mirada el silencio de músicas se puebla y cae sobre la noche la alborada!
Pasas, y al agitarse tu vestido entre rumores y fragancia, exhalas tibios aromas de jardín florido, brisas que soplan invisibles alas.
Y tu voz impregnada de misterio evoca con sus cálidos murmullos musicales sollozos de salterio, gargantas de torcaz llenas de arrullos,
fugitivo gemir de una fontana que detenerse en su correr quisiera en un remanso, al pie de una ventana adonde sufre un alma prisionera…
Así es tu voz, que trémula y vibrante prolonga la tristeza que me inspira, y por mística y dulce es la distante campana donde un Ángelus suspira…
O bien cuando la anima la alegría, tu boca en flor convierte en un tesoro y sus palabras cambia en pedrería la Sultana locuaz Boca-de-Oro.
¡Surge en la noche mi Sheherazada, y ante el milagro que su voz destella, parece que en la bóveda estrellada cada palabra suya es una estrella!
¡Y cuando al fin suspiras y te miro suspensa en lo infinito de tu duelo, pasa sobre mi alma tu suspiro como una estrella errante por el cielo! * * *