Un mono

Un mono

El pequeño mono me mira… ¡Quisiera decirme algo que se le olvida! * * *

¡Del verano, roja y fría carcajada, rebanada de sandía!


Loro idéntico al de mi abuela, funambulesca voz de la cocina del corredor y de la azotehuela.

No bien el sol ilumina, lanza el loro su grito y su áspera canción con el asombro del gorrión que sólo canta El josefito…

De la cocinera se mofa colérico y gutural, y de paso apostrofa a la olla del nixtamal.

Cuando pisándose los pies el loro cruza el suelo de ladrillo del gato negro hecho un ovillo, el ojo de ámbar lo mira y un azufre diabólico recela contra ese íncubo verde y amarillo, ¡la pesadilla de su duermevela!

¡Mas de civilización un tesoro hay en la voz de este super-Ioro de 1922!

Finge del aeroplano el ron-ron y la estridencia del klaxón…

Y ahogar quisiera con su batahola la música rival de la victrola…

En breve teatro proyector de oro, de las vigas al suelo, la cocina cruza un rayo solar de esquina a esquina y afoca y nimba al importante loro…

Pero a veces, cuando lanza el jilguero la canción de la selva en abril, el súbito silencio del loro parlero y su absorta mirada de perfil, recelan una melancolía indigna de su plumaje verde…

¡Tal vez el gran bosque recuerde y la cóncava selva sombría!

¡En tregua con la cocinera cesa su algarabía chocarrera, tórnase hosco y salvaje…

¡El loro es sólo un gajo de follaje con un poco de sol en la mollera!