Señor, de la enramada broten cocuyos...

Señor, de la enramada broten cocuyos…

Señor, de la enramada broten cocuyos brote flor de cerezo un cuenco de cere- zas a la mesa una mesa de cerezo un mueble consola doce cuencos multiplicados para los comensales de la comarca (Señor) el cerezo aún cuajado para las bandadas interminables de paros carboneros herreruelos gorriones.

Omnipresente, ciega mis ojos a todo impedimento que viene del miedo haz que reencuentre como corresponde a mis progenitores sus progenitores formando corro celeste a la alta puerta de Jerusalén de la cintura (talle) del brazo bailando un danzonete en la quietud de una puesta de sol en un horizonte jade.

Omnisciente, encuentre yo el vestido amarillo de Ajmátova enterrado entre unas piedras a la orilla del mar me siente a su lado a verla (escucharla) componer un poema en Slepnyovo en Tsarskoye Selo sobre el vestido amarillo que escondió entre unas piedras se echó a nadar desnuda al mar (Señor) trenza mis cabellos vísteme de seda amarilla estampada con flores de cerezo un broche de jade la piel jaspeada de aquel color que tuve en mi adolescencia señálame en arco (vuelta de carnero) el camino de regreso (¿sabré si he de quedar en alto en un punto de luz encrucijada de cuatro vientos cuatro puntos cardinales al eje todos a un eje, culminados?).

Rey de Reyes concédeme el borde el terrón la hoja del laurel de Indias a punto de desprenderse el grumo de la arcilla la miga la escoria el cendal el harnero la harina candeal y la paja las barbas del maíz la panoja corolas sépalos raíces adventicias corpúsculos de la astilla un cisco del cisco una esquirla de serrín el hilo la hilacha la gota de hiel en la boca de la mosca a la miel (Señor) para mi hambre para mi hambre.