Desnudo

Desnudo

Lame, arena, su cuello, y ciñe fría su adormecido seno en ti yacente, que luego iré a besar esa serpiente de tu lengua, que el viento desvaría.

Hiere mansa esa flor de la bahía que asume su mejilla húmedamente, y ciega esa callada boca ardiente que no quiere besar la boca mía.

Roza luego su vientre, y la dorada piel besa de su cálida cintura, y allí en su centro queda enamorada.

Que ya te templará la calentura otra flor de mi huerto bien rociada, si tu lengua se quema en su espesura.