Sobre unos labios muertos

Sobre unos labios muertos

Ciega, impasible muerte de tu boca. Está callada, está rota y oscura aquella su rosada arquitectura fiel a mis labios cálidos de roca.

La gloria de tu aliento ya no evoca calientes rosas de esta tierra dura, sino la sombra y soledad futura de tus labios de mar. ¡Oh sol, invoca

tu luz más viva, y quema entre esos dientes, de nieve ya, su lengua, amarantina, clavel de su garganta delicada!

¡Fulgura en su humedad, y en los ardientes arenales, de tu onda sibilina un último sabor a su granada!