Atardecer de marzo en la mar cenicienta. El crepúsculo, lejos. ya no se ve, se sueña.
Atardecer de marzo, tú estás aquí, tan cierta como esta dicha de ahora que me da tu presencia.
Dame tu mano, inclina sobre mí tu cabeza y calla, no me rompas este paisaje y esta ternura que se alza desde ti y se me adentra por el cuerpo y el alma… Mírame, piensa y deja todo así como está sin besarme siquiera: el cielo alto y sereno que sobre el mar se espeja, en el aire parado la gaviota que vuela, y bajo nuestros pies éste poco de tierra…
Dame tu mano, inclina sobre mí tu cabeza. Todo así como está sin besarme siquiera…