El zumo de la noche me gotea con racimos de estrellas en la cara, y madura mi frente su luz triste, como una fruta sola sin su rama.
He perdido mi tronco; ardientemente ha tajado el amor en sus entrañas con un hacha sombría. En otro cuerpo la ceniza enrojece de mi savia.
A solas con la noche me he quedado, con mi carne tendida, fruta amarga. y suena el corazón, bajo mi pecho, con un crudo tañido de campana.