Huida

Huida

A la mitad del día corrimos hacia el mar, hacia la oscura ola de azul y de vaivén, de brisa y de pequeños mensajes extendiéndose lejos o viniendo quizás hasta la roja estampa De la orilla sin huellas. A la mitad del día, nuestros cuerpos, recibiendo la luz, se hundieron en la informe oquedad sin estela. Blancos, dejáronse llevar de una corriente, de algún latido hermoso, de algún curso fugaz, y aquí se encuentran hoy, tendidos para siempre, en la inquieta y más tensa longitud de este verso.