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Ves discurrir la tarde con un manso silbido de lágrima en los ojos, de música sagrada en cámaras vacías. Estancias o dominio y el perfume en el aire de labios aleteando por amor de las nubes, al roce del deseo… Su voz será la oscura sequedad de los campos, la lluvia o el silencio que devuelve la frente; su voz como la queja inmóvil en los días, os dejará un olvido de rostro sin imagen.