Raki al atardecer, turbio en el vaso. El cafetín humea y las narghiles dispersan por el aire un olor a manzana. Fija el sol su reflejo de sangre en los cristales. Mostachos casi azules, ojos negros con cercos misteriosos y tristes. La tarde ya se va, pero en el alma nos queda este perfume, y en la boca, el almíbar rabioso que tienen tus palabras.