Brillan crestas de luz en el mar de la noche y un desvelo de sombras de olas ondulantes; brillan olas oscuras, altísimas, adversas en la nada infinita que nos muestra su filo.
Bajo este mar antiguo laten dos corazones. Nada existe, ni el aire, sino brillos y ritmos; no existen los insectos, ni siquiera el perfume sino brillos y ritmos; ojos que no se miran.