Mi amor va a la deriva como un barco sin rumbo; su corazón heridas, sin par, lleva marcadas… Mi amor se va alejando de sus horas gastadas y alivio busca sola por los puertos del mundo.
Qué estela tan amarga va dejando en mi vida su celeste congoja, que curar quise en vano; no pude retenerla, se soltó de mi mano y a su destino corre, sin que yo se lo impida.
“Matamos lo que amamos”, le recordé algún hora; “no hieras con tu daga mi pobre pecho inerme”, pero siguió en su lance, queriendo o sin quererme, hasta romperme el alma, por donde sufre agora.
Adiós, amor, le ha dicho mi corazón maltrecho; adiós, aguardan tiempos de oscuro desconsuelo: tú te marchas y, airosa, ya has levantado el vuelo, yo me quedo escondiendo esta herida en mi pecho.