Todos sufren por ver tu corazón, se acercan a tu casa con las paredes blancas, se mecen en la música de aquel viejo país en donde naces. Y tu alcoba se inunda de amistosa cadencia… Oh lentas, suaves notas del armonio, llenáis mi ser de bosques, de caminos brillantes; vuestra danza desnuda esa grávida estancia donde juntos libamos un cálido aguardiente. Uleke vendrá pronto del mar, su cabellera es rubia como la miel, como el temprano estío de sus ojos.