Desde donde me ciego de vivir

Desde donde me ciego de vivir

Era una blanda emanación, casi una terca oquedad de ternura, un tibio vaho humedecido con no sé qué tentáculos. Abrí los ojos, vi de cerca el peligro. ¡No, no te acerques, adorable inmundicia, no podría vivir! Pero se apresuraba hacia mi infancia, me tendía su furia entre los lienzos de la noche enemiga. Y escuché la señal, cegué mi vida junta, anduve a tientas hasta el cuerpo temible y deseado. Madre mía, ¿me oyes, me has oído caer, has visto mi triunfante rendición, tú me perdonas? La mano balbucía allí dentro, rebuscaba entre las telas jadeantes, iba desprendiendo el delirio, calcinando la desnuda razón. Agrio desván limítrofe, gimientes muebles lapidarios bajo el candor malévolo del miedo, ¿qué hacer si la memoria se saciaba allí mismo, si no había otra locura más para vivir? Dulce naufragio, dulce naufragio, nupcial ponzoña pura del amor, crédulo azar maldito, ¿dónde me hundo, dónde me salvo desde aquella noche?