Diosa del Ponto Euxino

Diosa del Ponto Euxino

Su cuerpo está desnudo al borde de un gran atrio lacustre, sólo se ven sus piernas asomando entre espumas repulsivas, se parece a una estatua cubierta de criptógamas y a un animal exangüe se parece también.

Las rémoras del frío, los dientes del salitre penetran entre sus gangrenados senos, y ya emerge, adopta como Telethusa actitudes lascivas mientras roen su memoria las parcas y se quiebran los bizantinos vidrios de sus ojos.

Olvidada de Ovidio, aguarda absorta el dictamen del tiempo, se inocula de gérmenes olímpicos, incita a los que acuden para verla vivir.

Todos hurgaron ávidamente en las marmóreas grietas que iban surcando las estribaciones más vulnerables de su cuerpo. Pero nadie la pudo profanar sin antes haber vendido su alma al Taumaturgo.