_Un secreto esplendor que aún no es ceniza Francisco Brines
Si Brittles prefiere abrir la puerta en presencia de testigos -dijo Gilles después de una larga pausa-, me presto sin duda a acompañarlo Charles Dickens_
Podrías huir. Sin duda. La nueva Luz del mundo, Octavio, te perdonaría (si no gustoso, el interés le haría respetarte, cubrirte de riquezas). Y eres aún tan bella. Sí, podrías…
Pero no seguirás ese camino. Y no por el amor de Antonio, ni porque fuera indigno de quien de tantos reyes es el último, sino algo más profundo: algo que sólo a ti te vale, a cuanto yace en tu memoria. Y cómo modificaría esa huida, el pasado. Lo que fuera esplendor -esa gloria por la que apostaste- ahora sería mediocridad; la grandeza de guerras y pasiones quedaría convertida en las vulgares apetencias de una zorra codiciosa.
Por eso, no lo dudas. y dejas que te vistan tus sirvientas con tus mejores ropas, y perfumas tu cuello, y te sientas segura y orgullosa en ese trono. Y sin que la sonrisa se borre de tu boca, metes la mano en ese cesto de higos que se mueven, y esperas la picadura en tu muñeca.