Como a Bennvenuto Cellini -hacia quien experimento mayor inclinación de la que tengo por los otros maestros del Quattrocento-, me gusta vagar por la arena abandonada por la marea, recogiendo conchas, guijas Claude Lévi–Strauss
…Las viejas playas. A las que siempre algo te lleva. Como ningún otro latido del mundo, esas orillas…
Caminas por el filo de las aguas. El sol que las traspasa, ese velo cristalino, y esas conchas medio enterradas en la arena, y esas cintas azules que la luz dibuja.
No es tu memoria quien reconoce, donde existe depositada esa luz, esos colores, estas orillas transparentes, la sensación de la mar en tus dedos. Es una dicha sin pasado. Sólo su instante de exaltación, la Vida más allá de lo comprensible.