Tus pensamientos passiuos Deuen ser contenplatiuos Pedro de Veragoe
Ese relamerse, esos labios brillantes de saliva, ese mohín entre infantil y disoluto, esos ojos burlones que cruzan como un rayo el universo de plástico del aeropuerto…
Su amiga, sin embargo, aún siendo hermosa, acaso más hermosa, no excita.
Y es que no es la belleza la que irradia ese misterio que te hechiza, esa lumbre de júbilo, ese pájaro con las alas en llamas.
No es la belleza de esos ojos, sino su forma de mirar; el desmadejamiento de esas piernas, esa lengüecita incandescente, esa lividez canalla bajo sus ojos, cómo mueve el pelo, cómo lo sabe. Eso que los Dioses conceden sólo a muy pocas, y a veces sólo por poco tiempo. Esa dicha a la que no puede tocar el Destino.