Pasó el vendaval; ahora, con perlas y berilos, cantan la soledad aurora los ángeles tranquilos.
Modulan canciones santas en dulces bandolines; viendo caídas las hojosas plantas de campos y jardines.
Mientras sol en la neblina vibra sus oropeles, besan la muerte blanquecina en los Saharas crueles.
Se alejan de madrugada, con perlas y berilos, y con la luz del cielo en la mirada los ángeles tranquilos.