Tu cuerpo que deseo y que rechazo mi voluntad domina. Como el vino mi mente turba, excita y reconforta.
Después, saciado, siento oscuramente vergüenza del placer así logrado.
Mas al cabo de un tiempo, tu apetencia resurge en mí acuciante y desespero y te busco si no te hallo cercana.
No eres joven ni hermosa, sin embargo. Pero he de conseguirte nuevamente.
A ti, aunque se me ofrezcan las más bellas. Y no me importa entonces el orgullo, vileza, sumisión o servilismo.
Embriagarme en tu cuerpo es lo que importa. Mi voluntad domina. Como el vino
que la garganta exige, imprescindible, necesito obtener, poseer tu cuerpo: esta dosis que viaja hacia mí mismo. * * *