¡Quiero vivir!

¡Quiero vivir!

De “Nuevas Castellanas”

Dios me las hizo de fuego… ¿Por qué no les dio dureza si quiso su fortaleza probar golpe a golpe luego? ¿Por qué enriqueció con riego de sementera de amores huerto que sabe dar flores, si luego le manda días de matadoras sequías y vientos asoladores?

¡Ay! Al llegar a las puertas de la tarde de mi vida, voz de los cielos venida me ha dicho: «¡Ya están abiertas! ¡Entra y sigue, y no conviertas la mente a tiempos mejores, que en vez de aquellos amores de santidades pristinas verás las desiertas ruinas del solar de tus mayores!»

«¡Mejor es cegar, Dios mío! ¡Mejor es ir paso a paso cayendo hacia el propio ocaso solo, con pena y con frío! ¡Mejor es ir al vacío que a ruinas y sepulturas! ¡Mejores son las negruras de la noche más sombría, que las negruras del día, que son dos veces oscuras!»

Así, loco de dolor, dije con vil vocecilla… ¡Esto que tengo de arcilla fue quien lo dijo, Señor! Pero esto que es resplandor de Ti, venido hasta mí, cuando tu rayo sentí bien sabes Tú que te dijo: «¡Señor! ¡La frente del hijo tienes rendida ante Ti!»

Con solo llorar mi suerte, con solo dejar abierta de tal herida la puerta, muriera de triste muerte. Mas, hijo yo del Dios fuerte, me he resignado a vivir, y voy dejándome ir sobre el polvo de la senda caminando a media rienda por el campo del sentir.

Porque si rindo la frente sobre las manos crispadas, si hacia las ruinas sagradas dejo que vaya la mente, si de mi llanto el torrente dejo que anegue mi vida, si abriese más esta herida que en lumbre de fiebre arde, viviera como un cobarde, muriera como un suicida.

¡Quiero vivir! Las dulzuras de los gozados placeres, con hieles de padeceres se toman del todo puras. Visión de mis desventuras: ¡Yo no te cierro mis ojos! Camino de los abrojos: ¡yo no me cubro las plantas! Cruz que mis hombros quebrantas: ¡yo te acepto sin enojos!

¡Quiero vivir! Dios es vida. ¿No veis que en vida convierte la ancianidad que en la muerte cayó con dulce caída? ¿No soy yo vida nacida de vidas que a mí se dieran? Pues vidas que en mí se unieran, si vivo, no han de morir, ¡por eso quiero vivir, porque mis muertos no mueran!

¡Y no morirán conmigo, que el huerto de mis amores está rebosando flores que pinta Dios y yo abrigo! ¡Y atrás el cierzo enemigo de esas mis vivas canciones, pues son santos eslabones de una cadena florida para corona tejida del Dios de las creaciones.

¡Quiero vivir! A Dios voy y a Dios no se va muriendo, se va al Oriente subiendo por la breve noche de hoy. De luz y de sombras soy y quiero darme a las dos. ¡Quiero dejar de mí en pos robusta y santa semilla de esto que tengo de arcilla, de esto que tengo de Dios!