Entre los geranios rosas...

Entre los geranios rosas…

¡Entre los geranios rosas, una mariposa blanca!

Así me gritó la niña, la de las trenzas doradas: -corre a verla, corre a verla, que se te escapa.

Por los caminos regados del oro nuevo del alba, corrí a los geranios rosas, ¡y ya no estaba!

Volví entonces a la niña, la de las trenzas doradas. «No estaba ya», iba a decirle. pero ella tampoco estaba. A lo lejos, ya muy lejos, se oían sus carcajadas.

Ni ella ni la mariposa; todo fue una linda trama.

El jardín se quedó triste en la alegría del alba, y yo solo por la sola, calle de acacias.

Y esto fue mi vida toda: una voz que engañó el alma, un correr inútilmente, una inútil esperanza…

¡Entre los geranios rosas, una mariposa blanca!