Oración a la luz

Oración a la luz

Señor: yo sé que en la mañana pura de este mundo, tu diestra generosa hizo la luz antes que toda cosa porque todo tuviera su figura.

Yo sé que se refleja la segura línea inmortal del lirio y de la rosa mejor que la embriagada y temerosa música de los vientos en la altura.

Por eso yo celebro en el frío pensar exacto a la verdad sujeto y en la ribera sin temblor del río;

por eso yo te adoro, mudo y quieto: y por eso, Señor, el dolor mío por llegar hasta Ti se hizo soneto.

Resignación

Por eso, Dios y Señor, porque por amor me hieres, porque con inmenso amor pruebas con mayor dolor a las almas que más quieres.

Porque sufrir es curar las llagas del corazón; porque sé que me has de dar consuelo y resignación a medida del pesar;

por tu bondad y tu amor, porque lo mandas y quieres, porque es tuyo mi dolor…, ¡bendita sea, Señor, la mano con que me hieres!

Revelación

¡Cómo volaba el pensamiento mío!… Fue un dulce anochecer. Se adivinaba por su rumor, bajo la peña, el río, y la mano del viento preludiaba un aria triste en el pinar sombrío. Como una bruma de melancolía, no sé qué dulce calma bienhechora pasó rozando con el alma mía… Tú que en mí estás, mujer, a toda hora, ¡nunca has estado en mí como aquel día!…

Quise gritar mi pena. y ante la soledad de los caminos alfombrados de luna y la serena quietud de muerte de la noche, llena de olor de flores y rumor de pinos, «¡La quiero!…», dije con fervor sincero. «¡La quiero!…», repetí, y el aire blando, con un rodar de voces fue gritando desde la sierra hasta el pinar: «¡La quiero!

Callé y calló la noche. El alma mía volvió a encerrarse en la melancolía de este secreto amor hondo y austero, que nadie sabe y del que nada espero… ¡Sólo lo supo el agua que corría y una flor desvelada, que tenía una cita de amor con un lucero…!