Cuando la aurora ponga en los caminos flores de nieve y témpanos de aromas, cuando el rumor de un vuelo de palomas en la invernal caricia de los pinos;
y cuando los redondos remolinos se lancen por lo alto de las lomas buscando calentarse en las redomas de los profundos pozos cristalinos.
Cuando el viento esté solo en el sendero dando saltos de escarcha y luna fría, o patinando en vértigo campero;
cuando la noche luche con el día…, ¡entonces te querré como te quiero, como quiero quererte, vida mía!