En el alto castillo, la serena...

En el alto castillo, la serena…

En el alto castillo, la serena tarde ponía su misterioso brillo y la rosada carne del ladrillo se tornaba de luz sobre la almena.

El silencio contigo; la voz plena del suave mar, abajo, y el sencillo juguetear del claro vientecillo con mi trémula mano en tu melena.

Los árboles oscuros al Poniente rumoreaban plácidas canciones. El tiempo se dormía, abandonado.

Y bajaba la noche, indiferente, con un prodigio de constelaciones sobre mi corazón enamorado.