Para Felicidad y Leopoldo, en recuerdo de un día en Astorga (…En la fosca penumbra del jardín la fuente late! L.P.
Al entrar, en la noche, la seca fuente de color de yedra. La fuente nunca vista, conocida del país de los versos, de los viajes sin años por las páginas. Estaba seca. Sólo, encima, unas macetas, cuelgan sus tallos como muertos chorros, haciéndola recuerdo. Estaba seca. Sólo polvo gris en su pila, triste resto del tiempo. Estaba seca. Sólo es un cuenco de ausencia, que hace al aire suspenso y temeroso, no se sabe de qué, como si alguien, de súbito, se hubiera ido, o dentro hubiera muerto. Y el niño melancólico de bronce se olvida, con el paso interrumpido, mira sin ver, medita…
Publicado en Proel, n° 14, 1945