Me amarga y me consuela que mañana cuando a cerrar se empiece esta mi herida yo te veré pasar junto a mi vida con tu dicha pequeña y cotidiana.
Mi consuelo será juzgar tu vana biografía menuda y repetida y volverme a mirar mi alma escogida, del verso y de sí misma soberana.
Mas, ¡ay!, que libre y todo, e insobornable esta fría altivez de nieve y cielo el dolor de estar solo no me engaña.
…Y, otra vez, al destino irremediable de no saber tener otro consuelo que el que me pueda dar mi propia entraña. Publicado en Garcilaso, octubre de 1943