Oh amor desconocido, amor lejano, que ya no sé esperar como solía, ¿me guarda Dios la aurora todavía y al despertar te encontraré en mi mano?
Ay, para que se cumpla algo en lo humano cuántas casualidades en un día se tienen que juntar en armonía; cuántos intentos mueren en lo vano.
Mas ¿no existe, sencilla e inexplicable, la rosa? ¿Es por difícil menos bella? ¿No es difícil el ser, y es verdadero?
Tú también puedes ser, con la inefable solución de la planta y de la estrella; y alzándome otro trecho, espero, espero. De “Nuevas elegías. Anticipo”