Acaso su único propósito era dar vueltas por la escarcha, uniformado de arlequín, voltando una esfera sonrosada. En eso diferente de nosotros, flacos, calientes y desengañados.
ahí está, bajo un manzano, abrazada por un celeste enjambre, rocía con tofana su pelambre, tan pagana, y el himen ya entrecano. Manos arriba, la alabanza es dardo -que abajo oscila cual balanza el nardo.
no brilla en esa carne, Fracastorio, sino que brilla en nuestra irrestañable mirada.