Comprendo en ti la soledad sin tacha, sin fisuras, del cuerpo que está amando a otro cuerpo cuyas señas ignora, sin más conocimiento que el de la carne abierta, su resplandor de venas como pequeños ríos, su belleza impaciente, su adelanto mortal de algún atlas secreto. Qué solitariamente te entregas. no te inquietan preguntas, no te duele la memoria del ser que frente a ti se desenreda torpemente de otros pasados cuerpos. Ni te hieren los nombres que no oíste, sus sílabas de hielo rompiéndose en tus besos. Como una isla, tu contorno esquivo, sin señas ni recuerdo, sin contactos, sin puentes, se perfecciona a solas. Y contemplo tus playas como un náufrago; toco la tierra de tu pecho exiliada de ti antes de habitarte.
La pura soledad y el olvido que eliges te hacen cerco.
De “Tratado de cicatrices”