De amor cortés

De amor cortés

¡Oh Dios, oh Dios, el alba! ¡Qué pronto viene! Fragmento de un alba del sigloXV

Me has amado otra vez, tan delicadamente -pueden también las fieras usar de cortesía-, me has desnudado el cuerpo, aunque estaba desnuda, abriéndome la piel con la boca y las uñas.

Es hermoso el dolor, doloroso el deseo, tú más hermoso aún, más hiriente por tanto, y es hermoso tenerte entre sangre y saliva, apretado y caliente, hambriento todavía.

Quieran Dios y la Carne firmar una alianza, que se alargue la noche más allá de la noche, que se apague el lucero que anuncia la alborada por que sólo amanezca debajo de las sábanas.

De “Alcoba del agua” 2002

Despacio

Se me apaga tu cuerpo entre las manos tan despacio. Pavesa diminuta, luz efímera tu amor, aunque me empeñe en sustentarlo. Tan despacio te pierdo. Y hasta el dolor que aferro con argucias se vuelve limitado y manejable. Tan despacio te pierdo, con tanta exactitud, irrevocablemente.

De “Alcoba del agua” 2002

El exceso

he de beberte a sorbos muy pequeños, deletrear las frases, hacer alto después de cada encuentro, cerrar los libros de las confidencias, amarte muy despacio, y distanciando Los besos como islas.

De “Geografía carnal”

El recuerdo y sus malas jugadas

El recuerdo me impide dejar atrás tu rostro bellísimo, y tu boca donde el mundo se abre como un cáliz profano. Si la memoria no fuese tan terca, yo te habría vencido. Pero el recuerdo es áspero enemigo: es fuerte como fuerte la desdicha, como fuerte el amor. Y aún en mis manos la huella de las tuyas se dibuja con dulzura tenaz, si por unos momentos el vino o la añoranza me hacen pensar en ti.

De “Alcoba del agua” 2002