¿Qué dirías si hoy te invitara a mis sueños? Tus labios de manzana sobre la piel golosa de mis ingles toda la noche -di, ¿qué pensarías?-, tu saliva frutal levemente aromando el hambriento contorno de mi vientre… Qué cosecha tan dulce (semillas y caricias y extravíos) para un mundo sin sol. Dime, ¿no acudirías si también esta noche te convoco a mis sueños?
De “Alcoba del agua” 2002
El dormido pretérito y pluscuamperfecto
Devuélvete a tu pura silueta de dormido, a tus piernas perfectas recogidas, a tu gesto inocente rendido en la almohada, a las horas de siesta en que te hallabas al alcance de mis ensoñaciones. Devuélveme a ese niño que a solas descubrí tras la vigilia, devuélveme tus párpados, quisiera contemplarte de nuevo, ahora te comprendo.
De “Tratado de cicatrices”
Extrañas formas tiene el amor…
Extrañas formas tiene el amor. Las galas del deseo se nutren de harapos de desdicha y de frío. Por debajo del gozo respiran los días del hastío futuro. Toda humedad acaba en desierto, todo cuerpo en ceniza -me dices cuando aún aletea el placer por mi piel como un tímido insecto. Todo acaba -repites. Te miro como se mira a un dios cruel y exacto. De repente me siento muy sola.
De “Alcoba del agua” 2002
Habitación de hotel, 1931
(Edward Hopper)
Si hubiera una promesa entre tú y yo, una cita prorrogada, una luz allá a lo lejos con que poder guiarme; si quedase esperanza -aunque fuese una triste diminuta esperanza-; si alguna vez tus labios hubiesen pronunciado la palabra mortal que yo anhelaba, o algo que me sonara parecido, pienso que aún hallaría razón para aguardarte. ¿Y quién sabe si el trueque de la carne no fue, de alguna forma, una promesa?
De “Alcoba del agua” 2002
Has cambiado otra vez el curso de los ríos…
Has cambiado otra vez el curso de los ríos y has hecho trasladarse todas las cordilleras con sólo la mirada de tus ojos de escarcha y el roce de tus dedos sobre los mapamundis. Señor de los amores y de la geografía, grandísimo truhán y Todopoderoso inconsciente, ahora tienes que rescribir los libros y en mi cuerpo desnudo es tu deber marcar de nuevo las fronteras.
De “Geografía carnal”
La infidelidad irremediable
Si, al final, ha de comer la tierra tus delicados huesos, y ha de dormir tu boca como una orquídea tierna debajo de raíces y lianas, qué importa que estés tan descubierto y accesible, que encauces tu saliva en otros surcos, que te des a pedazos cada noche como Profana, y Cruel, y Santa Forma.
Si, al final, has de ser a despecho de tu carne radiante y de todo el deseo con que te he coronado espléndido despojo que posea la muerte…
De “Elogio a la mala yerba” 1996
Levante
Como el urgente viento de Levante te adentras en mi alcoba, alocando mis folios y mis ansias, trastocando los puntos cardinales, hurgando en mis más escondidos secretos. Sin respeto escarbas en mi cuerpo, me lastimas de semen y de dudas, me cambias de improviso los pocos referentes que aún sostenían el mundo. No puedo detenerte. Me visto de veleta y señalo hacia el Este mientras que estás conmigo.
De “Alcoba del agua” 2002
Los lugares marcados donde casi te tuve…
Los lugares marcados donde casi te tuve. Una playa encendida a orillas del verano, una mesa en un bar, un alero de sombra, un camino de tierra oscurecido y solo donde creció el deseo como una hierba amarga. Tengo un mapa aprendido de memoria, un pequeño mapa (apenas tamaño de una gota de lluvia) señalado con cruces rojas igual que besos.
De “Alcoba del agua” 2002
Más de geografía
Te buscaré en los mapas, lentamente palpando las líneas divisorias, sorteando montañas y estaciones, descifrando el azul del mar y de los ríos, lentamente acechando un nombre que te diga y me alimente, un resquicio de luz hecha palabra, ciudad, pueblo, accidente, tal vez tierra. Volviendo del revés la geografía, te buscaré, por entre los dibujos y los signos pintados, lentamente, sin tregua, sin remedio, lentamente en los atlas, sin fe, sin esperanza.
De “Alcoba del agua” 2002
Máscaras
Entre todas las gentes a diario tu rostro se camufla con gestos comunes. No hay señales de tus silencios suaves, del temblor de tus labios debajo de los besos o en la urgencia del sexo. Máscara de ti mismo, te disfrazas y niegas el delicado estigma de tu parte más frágil. Sólo tus ojos siguen, valientes, declarando la emoción que te vence en la alcoba del agua.
De “Alcoba del agua” 2002
No es amor, no es amor…
No es amor, no es amor el estremecimiento que me ofreces, la dependencia dócil del deseo, no es amor. La piel de transparente se hace alma que el sudor cristaliza, puramente transfigurada; pero es sólo el tiempo que tarda ese tirano de tu cuerpo en hacerse notar en estampida. No es amor, lo conozco; yo no sé qué cosa sea, pero no es amor.
De “Alcoba del agua” 2002
Poemas prohibidos II
Lo innominado
Lo sabíamos ambos, por eso era superfluo repetirlo -también eso sabíamos-, aunque a veces la noche se encarnizara en darnos las palabras más bellas, por si acaso crecían. Esas veces que faltaba un mal minuto para que hubiese chispas rodando por el suelo, y había que apartar los ojos, y amarrarse los lazos casi sueltos de la triste cordura. Porque también sabíamos que era cosa de locos, desvarío extremado (aunque, sí, delicioso) y que era necesario extirparlo de golpe, o sacarle los ojos, o cortarle las manos, para que no saliese a la luz y mostrase su inocencia perfecta, que no iba a entender nadie.
De “Elogio a la mala yerba” 1996
Te explico la diferencia
Puedo pasar la vida contando los exactos lunares de tu vientre, siguiendo en el espejo tu mirada, ahuyentando tus fantasmas; si quieres, siéndome un poco tú. Puedo pasar la vida. Pero vivir, amor, es mucho más que eso; es crecer y dormir y envejecer contigo, reñir y bromear, y no vernos a veces, o vernos como extraños alguna madrugada. Es la recia costumbre que de pronto fulgura con una hermosa lumbre de pasión y demencia.
De “Alcoba del agua” 2002