El recuerdo me impide dejar atrás tu rostro bellísimo, y tu boca donde el mundo se abre como un cáliz profano. Si la memoria no fuese tan terca, yo te habría vencido. Pero el recuerdo es áspero enemigo: es fuerte como fuerte la desdicha, como fuerte el amor. Y aún en mis manos la huella de las tuyas se dibuja con dulzura tenaz, si por unos momentos el vino o la añoranza me hacen pensar en ti.
De “Alcoba del agua” 2002
¿Qué dirías si hoy te invitara a mis sueños? Tus labios de manzana sobre la piel golosa de mis ingles toda la noche -di, ¿qué pensarías?-, tu saliva frutal levemente aromando el hambriento contorno de mi vientre… Qué cosecha tan dulce (semillas y caricias y extravíos) para un mundo sin sol. Dime, ¿no acudirías si también esta noche te convoco a mis sueños?
De “Alcoba del agua” 2002
Devuélvete a tu pura silueta de dormido, a tus piernas perfectas recogidas, a tu gesto inocente rendido en la almohada, a las horas de siesta en que te hallabas al alcance de mis ensoñaciones. Devuélveme a ese niño que a solas descubrí tras la vigilia, devuélveme tus párpados, quisiera contemplarte de nuevo, ahora te comprendo.
De “Tratado de cicatrices”