La infidelidad irremediable

La infidelidad irremediable

Si, al final, ha de comer la tierra tus delicados huesos, y ha de dormir tu boca como una orquídea tierna debajo de raíces y lianas, qué importa que estés tan descubierto y accesible, que encauces tu saliva en otros surcos, que te des a pedazos cada noche como Profana, y Cruel, y Santa Forma.

Si, al final, has de ser a despecho de tu carne radiante y de todo el deseo con que te he coronado espléndido despojo que posea la muerte…

De “Elogio a la mala yerba” 1996