Mi verso mudo, mi callado verso pero aciago -mal le pesen las riendas-, ¿a dónde de este yugo iremos a quejamos y a quién decir la vida que llevamos? Por mucho que, pasadas ya las doce, buscando detrás de la cortina, con cerillas, el ojo de la luna, expulses de los restos de tu mueca opaca con la mano, en la mesa, de la locura el polvo. Por mucho que embadurnes este engrudo escrito más denso que la miel, ¿con quién quebrar en la rodilla, o en el codo al menos, una vez más, el trozo ya cortado, mi callado verso? De “Parte de la oración” 1975 - 1976 Versión de Ricardo San Vicente