A A. Ya. Serguéyev
I. «Imperio -país para idiotas.» Llega el Emperador y el tráfico está cortado. Se apretuja el gentío contra los legionarios: canciones y gritos; pero el palanquín marcha cerrado. El objeto del amor no quiere ser objeto de curiosos.
Tras el palacio, en un café vacío, un griego vagabundo jugando al dominó con un barbudo inválido. En los manteles descienden los despojos de la luz exterior, y el eco de los vivas mueve suavemente las cortinas. El griego, que ha perdido, cuenta los dracmas; encarga el vencedor un huevo crudo y una pizca de sal.
En la espaciosa alcoba, un viejo rentista cuenta a una joven hetera que vio al Emperador. La hetera no lo cree y de él se carcajea. Así son sus preludios al juego del amor.
1970
De “No vendrá el diluvio tras nosotros” (Antología 1960-1996) Versión de Ricardo San Vicente