Profecía de tu piel maravillosa

Profecía de tu piel maravillosa

Aunque nada sostiene la esperanza que canto yo sumo aquí las sílabas del amor que te tengo casi a tientas y pido que su fuego y su música prendan el ruiseñor prisionero en tu torso.

Creo en un día soleado, mi esperanza lo siente o lo quiere o lo teme o muere porque sea cercano al fin sencillo como el puño de un niño. Creo en el día luminoso en el que tú te rindas.

Podré atenerme entonces a tu piel verdadera.

Serás tú convertido en materia dulcísima. Serás tú bajo forma de la forma preciosa de tu cuerpo, en especie de sol y de hermosura. Serás los treinta y siete grados maravillosos que tu temperatura imprimirá en mis labios y tu cuerpo será la mejor certidumbre.

Tú lo curarás todo, todo lo harás volverse ceguera y luz de amor en la memoria nueva. Las tardes solitarias, la verdad de las lágrimas serán tan sólo suma de amor deslumbradora.

Fulgurará tu peso sobre mí repartido miembro a miembro sellándome con tu forma adorada, y el esplendor que irradian todas tus proporciones traspasará los límites de mi piel hasta hacerme hermano para siempre de la hermosura tuya.

En tu gemir rendido y en tu animal furioso me será revelada la luz de tu persona. Tu forma de abrazarme y el modo de tus besos darán sentido al nombre que te dieron tus padres. Y yo que no soy nada probaré la ternura que tienes cuando entregas tu ejército vencido.

Pero antes, antes, antes, abriendo, inaugurando más bello y silencioso que los amaneceres de la historia del mundo, no sé de qué manera tú me dirás que sí y me darán tus ojos la entrada, y lo que era a fuerza de soñarte pelo tuyo, ojos tuyos, ojalá que no haya nada tras el instante en el que tú te entregues. No prosiga la vida su tejido confuso.

Entonces será dulce temblar ante tu piel y morir, y acercarme, y sentir solamente esa extensión suave de Dios entre mis manos.

De “La hermosura del héroe”